El estatus de «socio»: de la titularidad a la «transformación radical: edición carrera profesional»

Antes, llegar a socio en una de las cuatro grandes firmas era como recibir un título de caballero o ganar un billete dorado para una fábrica de chocolate donde el chocolate estaba hecho de horas facturables. Una vez dentro, ya no había vuelta atrás: a menos que prendieras fuego a la sala de descanso, tu puesto en la mesa de socios era tuyo hasta que decidieras cambiar el maletín por un juego de palos de golf.

Pero últimamente, KPMG y EY en el Reino Unido están revolucionando las cosas con una iniciativa que se aleja del «regreso a casa con un reloj de oro» y se acerca más a «Supervivientes: La sala de juntas». Esta podría ser una tendencia que no tardará en llegar a España.

El «modelo de suscripción» del éxito

Históricamente, la condición de socio era una suscripción de por vida. Ahora, al parecer, se trata de una prueba mensual que la firma puede cancelar si no aportas suficiente «contenido» (léase: ingresos). Si tu rendimiento baja, no te echan a la calle, sino que te «rebajan de categoría». Piensa en ello como pasar de Netflix Premium al plan «Básico con anuncios». Sigues viendo la serie, pero todo el mundo sabe que ya no disfrutas de la experiencia 4K.

Proteger el pastel

Las «Cuatro Grandes» están actualmente obsesionadas con el beneficio por socio (PPP). Resulta que, cuando se reparte una pizza entre 50 personas, todos se llevan un buen trozo. Cuando se reparte entre 40 personas, todos se llevan un trozo más grande y quizá un poco de salsa para mojar. Al reclasificar a los socios con bajo rendimiento como empleados asalariados, los socios restantes se quedan con su salsa para mojar. Es simple matemática, aunque da lugar a algunas conversaciones incómodas en el retiro anual.

La crisis de identidad del «empleado-propietario»

Este cambio genera una especie de crisis existencial. Si eres un «socio asalariado», ¿eres un propietario que cobra un sueldo o un empleado con un título muy pomposo? Es como ser «vicepresidente junior de tacos» —suena prestigioso hasta que te das cuenta de que sigues teniendo que pedir permiso para comprar una grapadora nueva.

El fin del «pacto de caballeros»

Durante décadas, la promesa implícita fue: «Trabaja 80 horas a la semana durante 15 años y te protegeremos para siempre». Esa promesa ha sido sustituida ahora por: «¿Qué has hecho por nosotros en el último trimestre fiscal?». Se trata de un giro cultural que pasa de un ambiente de «empresa familiar» a uno de «equipo deportivo profesional». Si no estás bateando jonrones, te trasladan al cuerpo técnico: sigues en el campo, pero sin la camiseta.

El lado positivo:

Al menos para los que son degradados, es probable que el sueldo siga siendo mejor que lo que la mayoría de la gente gana en una década. Pierdes el prestigio de ser «socio con participación en el capital», pero ganas algo mucho más valioso: una posibilidad ligeramente mayor de ver a tu familia entre semana.

En resumen…

Las «Cuatro Grandes» están demostrando que, incluso en lo más alto de la jerarquía empresarial, el terreno puede ser un poco inestable. Mantén la humildad, sigue generando ingresos y quizá mantén tu currículum al día, por si acaso.

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